El pensamiento hecho palabras. “Emoción y Sentimiento: El miedo”

Desde tiempo inmemorial, el hombre ha tenido la necesidad de contar historias a sus congéneres, sin quedarme muy claro con que fin. Supongo que depende de la historia y de quién lo haga. En algunas ocasiones, el “Cuenta-cuentos” lo hacía de una manera ilustrativa. “Contaba” para crear unas emociones específicas en sus oyentes. Siempre con un objetivo.

Sería fácil imaginar a nuestros antepasados reunidos a la luz del fuego, contando historias sobre fantasmas, entes y cualquier otro tipo de ser fantástico capaz de despertar la imaginación de quien lo oyese. Porque cuando nos viene la imagen de una estancia o lugar bañado por la luz anaranjada de la llama, crea dentro de nosotros las mismas sombras largas que provoca su proyección sobre la roca, paredes o decoración, creando rincones oscuros, que durante el día carecen de importancia para nuestros sentidos, con la seguridad de conocer todos sus secretos. Cuando eso ocurre y cae la noche, nuestra perspectiva de las cosas con el filtro de esa luz acompañada del cuenta-cuentos, nos hace dudar de nuestra seguridad y es ahí donde se despierta nuestro miedo a lo que no vemos, a lo desconocido, a lo irreal que va más allá de nuestro entendimiento. Solamente ahí es cuando nuestra mente viaja por lugares conocidos como si fueran tierras nuevas, insólitas, ocultas. Lugares a los que nos atrae la curiosidad y donde sus tierras son controladas por la oscuridad. Esos momentos de reuniones en la noche, sólo nos lleva a una posible historia a la cabeza, el miedo.

El miedo es distinto al terror, al igual que lo es un estado de ánimo al sentimiento. Un estado de ánimo se caracteriza por ser corto en el tiempo, en cambio el sentimiento puede durar años. Así lo decía Jung y así se lo hago ver a mis actores cuando ensayamos juntos. Una emoción es estar contento, un sentimiento es ser feliz, una emoción es la tristeza, un sentimiento es la depresión, una emoción es sentir miedo, una emoción es el terror.

Para mi, la principal diferencia entre el terror y el miedo, es que son escalones diferentes de una misma cosa. El miedo es una emoción porque sientes miedo en un momento en particular de tu vida. Por ejemplo si pierdes tu trabajo, si te atracan o porque se ha perdido un miembro de tu familia. Dependiendo de lo que ocurra a posteriori, desaparecerá o se transformará en otra cosa. Tal vez tristeza o tal vez felicidad, pero ante todo, se transformará y en un momento dado se termina volviendo a tu estado habitual. Pero el terror es algo diferente. Es algo que es más duradero en el tiempo. Al principio puedes sentir miedo, pero si se convierte en terror, te perseguirá toda la vida, transformándose en algunas ocasiones incluso en traumas. Sentir miedo te ayuda a sobrevivir en un medio hostil, te hace correr más rápido, tus reflejos se agudizan y tu adrenalina se dispara, haciendo que tu percepción del tiempo se alargue. Pero el terror, te lleva a un par de caminos posibles: a el pánico o al shock.

Tanto una como otra son lugares donde la persona pierde el sentido, donde su mente se nubla sin valorar la mejor opción. Si el resultado es negativo, el terror se convierte en una experiencia que se inscribe a nuestro adn sin permiso, actuando como disparador cuando algo parecido nos ocurre o nos recuerda a ese momento. Ya has llegado, el campo del trauma ha florecido.

Sólo hay que pensar las diferencias y nos damos cuenta que en las historias lo que no queremos es pasar terror de verdad, sino disfrutar de ese miedo que nos dispara la adrenalina, pero que en el fondo nos gusta. No lo se, tal vez, cuando has terminado de ver una película y te levantas del sofá para ir a por ese vaso de agua a la cocina y vuelves a oscuras hasta la habitación sintiendo que algo puede estar detrás tuyo, sientes ese miedo que te hace andar rápido, como intentando estar a salvo lo antes posible, pero en el fondo sabes, que estas seguro y que son sólo imaginaciones.
Creo que ese es el miedo del que disfrutamos todos, esa emoción del momento, no el susto fácil, sino la construcción de la narrativa que te conduce con pequeños elementos como una respiración, un crujido, una sombra que te hacen imaginar y temer. Te hacen no mirar, pero desear hacerlo. Eso les pasaba a nuestros antepasados en esas reuniones de historias donde el protagonista era el miedo, convertido en forma de misterio y curiosidad.

Creo que el término terror en el cine se ha mitificado, aunque,…bueno, tal vez esté equivocado, porque hay películas que después de vistas, se han quedado en la mente grabadas a fuego y hasta después de muchos años, no se ha reunido el valor de volver a ellas. Aunque, si vuelvo a meditar sobre ello, al re-visionarlas, mi sentimiento de terror, se ha modificado y me doy cuenta que ahora, disfruto más de la película, porque ya es algo conocido para mí. Aunque me siga dando miedo, ahora, la disfruto.

Por eso el cuenta-cuentos, al lado del fuego, muchas veces, contaba la misma historia una y otra vez, porque la primera vez el terror llenó las paredes de sombras para dar paso a la meditación, al,…¿y si me pasaría a mí?… y por último, y después de algún tiempo, querer volver a ella y superar ese terror. Tal vez sea algo intrínseco del ser humano, la superación, el reto, enfrentarnos de nuevo a ese terror y convertirlo en solamente, miedo.

Os presento el primer párrafo de una historia que os quiero contar a través del blog. Presentada como antiguamente, hace ya más de un siglo, en la prensa que ahora amarillea en alguna hemeroteca de nuestro país. Se leían por capítulos, la narración se convertía en serial, enganchando tanto al lector como al propio escritor. Porque también existe ese ejercicio para los que practicamos el arte de crear el pensamiento en palabras, escribir sin esperar nada a cambio. Sin planificar, sin un esquema concreto, escribes y te dejas llevar. Es enriquecedor a la vez que sorprendente ver hasta donde alcanza tu mente cuando es liberada de las ataduras de la estructura. Emocionante es el andar por caminos desconocidos, acompañados de personajes que ocultan verdades incluso a su creador, con giros inesperados, en un universo plagado de sombras y de palabras.

(La fotografía fue tomada en mi viaje a Dublin. Es la cárcel de Kilmainham, llena de historia e inspiradora. Escenario de muchas películas y a la vez escenario de tristeza. Prisioneros políticos pasearon hace ya tiempo por sus pasillos. Ahora lo hice yo en calidad de turista y te das cuenta del miedo y del terror del que pueden ser testigos esos muros fríos y ya abandonados. Mi viaje fue enriquecedor tanto por las emociones vividas, como por la compañía, a la que doy mi mayor sentimiento.)

Y ahora os presento a DEMONS:

“El golpe de la ventana cerrándose repentinamente asustó a Carla y a Santi. El pasillo estaba oscuro. Los ojos de los jóvenes se movían nerviosamente al compás de sus linternas. Esa luz era lo único que les guiaba en la oscuridad. Les acompañaba continuamente el olor a humedad y a la madera ya pasada por los años. La pintura desquebrajada tornaba sombras extrañas en cada una de las paredes que ya habían sido grafiteadas por otras personas con mensajes satánicos. A través de sus pies, podían notar el frío que ese edificio parecía tener incrustado en toda su estructura. Ruidos, como pequeños chillidos, caminaban cruzando las paredes hasta llegar a sus oídos. Los dos chicos avanzan sin saber muy bien hasta donde. No conocen el edificio, pero si conocen su historia. “

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